Thomas Alva Edison fue el primer inventor en patentar la bombilla incandescente de filamento de carbono el 27 de enero de 1880, viable fuera de los laboratorios, es decir, comercialmente viable.
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lunes, 27 de enero de 2014
Un día como hoy 27 de enero
Hoy, mis apreciados lectores, nos remontaremos al 1880, cuando Thomas Alva Edison patentó la lámpara incandescente.
Thomas Alva Edison fue el primer inventor en patentar la bombilla incandescente de filamento de carbono el 27 de enero de 1880, viable fuera de los laboratorios, es decir, comercialmente viable.

Anteriormente, había habido otros inventores que habían desarrollado modelos que funcionaban en laboratorio, incluyendo a Henry Woodward, Mathew Evans, James Bowman Lindsay, William Sawyer y Warren de la Rue.

El alemán Heinrich Goebel había registrado su propia bombilla incandescente en 1855, y el 11 de julio de 1874 se le concedió al ingeniero ruso Alexander Lodygin la patente nº 1619 para una bombilla incandescente. El inventor ruso utilizó un filamento de carbono. Posteriormente, las mejoras de Edison permitieron que la bombilla tuviera una larga duración.

La bombilla es uno de los inventos más utilizados por el hombre desde su creación hasta la fecha. Según una lista de la revista Life es la segunda invención más útil del siglo XIX. La comercialización de la bombilla por parte de la compañía de Edison estuvo plagada de disputas por las patentes con sus competidores.

En 2009, una Directiva de la Unión Europea estableció un plazo para que en los estados miembros dejaran de fabricar y comercializar lámparas incandescentes. El 1 de septiembre de 2009 se prohibió la fabricación y distribución de lámparas de potencia igual o superior a 100 W y el 1 de septiembre de 2010 las lámparas de 75 W. Un año después, el 1 de septiembre de 2011, las lámparas de 60 W y, por último, el 1 de septiembre de 2012 se retiraron las lámparas de 40 y 25 W. Las lámparas incandescentes están siendo sustituidas por opciones más eficientes, como las lámparas fluorescentes compactas y las basadas en tecnología LED.
Thomas Alva Edison fue el primer inventor en patentar la bombilla incandescente de filamento de carbono el 27 de enero de 1880, viable fuera de los laboratorios, es decir, comercialmente viable.
miércoles, 16 de octubre de 2013
Un día como hoy 16 de octubre
Hoy, mis apreciados lectores, nos remontaremos al 1846, cuando en Boston, el Dr. William Thomas Green Morton realizó una demostración pública del uso del éter como anestésico y de esta manera le dió origen a la cirujía sin dolor.
William Morton se había dirigido al cirujano jefe del Hospital General de Massachusetts en Boston, el profesor John Collins Warren, con la petición de llevar a cabo una demostración pública de su método frente a médicos y estudiantes de medicina. Recibió por escrito una invitación para el viernes 16 de octubre de 1846, a las 10 de la mañana. Warren hizo que Gilbert Abbott, un paciente de 20 años, impresor de libros que padecía de tuberculosis, inhalara los vapores desde una esfera de vidrio, especialmente confeccionada para este efecto y que contenía en su interior una esponja embebida en éter. Tras un estado inicial de excitación, el paciente se durmió. "Entonces Warren en cinco minutos extirpó un tumor superficial congénito, bajo el maxilar inferior en el lado izquierdo del cuello del paciente". Warren, quien, tras el fracaso de la demostración de Horace Wells con el gas hilarante ocurrido dos años atrás, en realidad rechazaba esta clase de procedimientos, se entusiasmó mucho con estas nuevas posibilidades. A este suceso se le considera como el momento del nacimiento de la anestesiología moderna.
Inmediatamente al día siguiente, el cirujano y urólogo George Hayward operó un tumor adiposo a un paciente anestesiado con éter. El reconocimiento general del procedimiento desarrollado por Morton tuvo lugar tras la amputación de una pierna, efectuada el 7 de noviembre de 1846 por Henry Jacob Bigelow en una paciente de veite años.
Morton intentó primeramente ocultar la sustancia activa que había utilizado y denominó este éter arreglado con sustacias aromáticas, para obtener provecho de la patente. Pocas semanas después, durante la operación el 7 de noviembre de 1846, fue obligado por su autidorio a revelar el secreto. Se llegó a una disputa judicial sobre la cuestión de a quién le correspondía la primicia sobre este invento, proceso impulsado sobre todo por quien le había aportado la idea, el profesor Jackson. Los costos de esta disputa judicial arruinaron a Morton, además de que casi no recibió las regalías esperadas por patentar de su invento. Después de casi veinte años de procesos judiciales, Morton falleció empobrecido y afligido, en julio de 1868, a consecuencia de un accidente vascular cerebral.
Morton, sin embargo, no fue el primero en aprovechar el efecto narcótico del éter para detener el dolor en las intervenciones quirúrgicas. El 30 de marzo de 1842, el doctor Crawford Williamson Long ya había extirpado sin dolor un tumor de la nuca a un paciente, usando para ello una toalla embebida en éter. Pero este último cirujano omitió hacer una publicación al respecto, quitándose con ello a sí mismo su legítimo derecho a reclmar la prioridad.
William Morton se había dirigido al cirujano jefe del Hospital General de Massachusetts en Boston, el profesor John Collins Warren, con la petición de llevar a cabo una demostración pública de su método frente a médicos y estudiantes de medicina. Recibió por escrito una invitación para el viernes 16 de octubre de 1846, a las 10 de la mañana. Warren hizo que Gilbert Abbott, un paciente de 20 años, impresor de libros que padecía de tuberculosis, inhalara los vapores desde una esfera de vidrio, especialmente confeccionada para este efecto y que contenía en su interior una esponja embebida en éter. Tras un estado inicial de excitación, el paciente se durmió. "Entonces Warren en cinco minutos extirpó un tumor superficial congénito, bajo el maxilar inferior en el lado izquierdo del cuello del paciente". Warren, quien, tras el fracaso de la demostración de Horace Wells con el gas hilarante ocurrido dos años atrás, en realidad rechazaba esta clase de procedimientos, se entusiasmó mucho con estas nuevas posibilidades. A este suceso se le considera como el momento del nacimiento de la anestesiología moderna.
Inmediatamente al día siguiente, el cirujano y urólogo George Hayward operó un tumor adiposo a un paciente anestesiado con éter. El reconocimiento general del procedimiento desarrollado por Morton tuvo lugar tras la amputación de una pierna, efectuada el 7 de noviembre de 1846 por Henry Jacob Bigelow en una paciente de veite años.
Morton intentó primeramente ocultar la sustancia activa que había utilizado y denominó este éter arreglado con sustacias aromáticas, para obtener provecho de la patente. Pocas semanas después, durante la operación el 7 de noviembre de 1846, fue obligado por su autidorio a revelar el secreto. Se llegó a una disputa judicial sobre la cuestión de a quién le correspondía la primicia sobre este invento, proceso impulsado sobre todo por quien le había aportado la idea, el profesor Jackson. Los costos de esta disputa judicial arruinaron a Morton, además de que casi no recibió las regalías esperadas por patentar de su invento. Después de casi veinte años de procesos judiciales, Morton falleció empobrecido y afligido, en julio de 1868, a consecuencia de un accidente vascular cerebral.
Morton, sin embargo, no fue el primero en aprovechar el efecto narcótico del éter para detener el dolor en las intervenciones quirúrgicas. El 30 de marzo de 1842, el doctor Crawford Williamson Long ya había extirpado sin dolor un tumor de la nuca a un paciente, usando para ello una toalla embebida en éter. Pero este último cirujano omitió hacer una publicación al respecto, quitándose con ello a sí mismo su legítimo derecho a reclmar la prioridad.
viernes, 30 de agosto de 2013
Un día como hoy 30 de agosto
Hoy mis apreciados lectores, viajaremos al 1879, cuando Thomas Alva Edison presentó su primer artefacto telefónico
Alrededor del año 1857 Antonio Meucci construyó un teléfono para conectar su oficina con su dormitorio, ubicado en el segundo piso, debido al reumatismo de su esposa. Sin embargo carecía del dinero suficiente para patentar su invento, por lo que lo presentó a una empresa, que no le prestó atención, pero que, tampoco le devolvió los materiales.
En 1876, tras haber descubierto que para transmitir voz humana sólo se podía utilizar una corriente continua, el inventor escocés nacionalizado en EE.UU. Alexander Graham Bell, construyó y patentó unas horas antes que su compatriota Elisha Gray el primer teléfono capaz de transmitir y recibir voz humana con toda su calidad y timbre. Tampoco se debe dejar de lado a Thomas Alva Edison, que introdujo notables mejoras en el sistema, entre las que se encuentra el micrófono de gránulos de carbón.
El micrófono de carbón es un micrófono de zona de presión donde el carbón al que se refiere el nombre, está en su interior en un compartimento cerrado cubierto por la membrana. Estas partículas de carbón actúan como una especie de resistencia. Al llegarle una onda sonora a la placa, ésta empuja a las partículas de carbón que se desordenan provocando una variación de resistencia y por tanto una variación de la corriente que lo atraviesa reflejo de la presión de la onda sonora incidente.
Este tipo de micrófonos ha sido y aún es muy utilizado en telefonía, porque su respuesta en frecuencia, entre 200 y 3000 Hz, es ideal para captar la voz humana. No obstante, quitando las aplicaciones en telefonía y áreas relacionadas, son unos micrófonos muy poco utilizado porque generan bastante ruido y su respuesta en frecuencia es irregular. Por ello no son, en absoluto, recomendables para la radiodifusión.
Las ventajas que tiene el micrófono de carbón: gran sensibilidad, baja impedancia y precio.
Alrededor del año 1857 Antonio Meucci construyó un teléfono para conectar su oficina con su dormitorio, ubicado en el segundo piso, debido al reumatismo de su esposa. Sin embargo carecía del dinero suficiente para patentar su invento, por lo que lo presentó a una empresa, que no le prestó atención, pero que, tampoco le devolvió los materiales.

En 1876, tras haber descubierto que para transmitir voz humana sólo se podía utilizar una corriente continua, el inventor escocés nacionalizado en EE.UU. Alexander Graham Bell, construyó y patentó unas horas antes que su compatriota Elisha Gray el primer teléfono capaz de transmitir y recibir voz humana con toda su calidad y timbre. Tampoco se debe dejar de lado a Thomas Alva Edison, que introdujo notables mejoras en el sistema, entre las que se encuentra el micrófono de gránulos de carbón.
El micrófono de carbón es un micrófono de zona de presión donde el carbón al que se refiere el nombre, está en su interior en un compartimento cerrado cubierto por la membrana. Estas partículas de carbón actúan como una especie de resistencia. Al llegarle una onda sonora a la placa, ésta empuja a las partículas de carbón que se desordenan provocando una variación de resistencia y por tanto una variación de la corriente que lo atraviesa reflejo de la presión de la onda sonora incidente.
Este tipo de micrófonos ha sido y aún es muy utilizado en telefonía, porque su respuesta en frecuencia, entre 200 y 3000 Hz, es ideal para captar la voz humana. No obstante, quitando las aplicaciones en telefonía y áreas relacionadas, son unos micrófonos muy poco utilizado porque generan bastante ruido y su respuesta en frecuencia es irregular. Por ello no son, en absoluto, recomendables para la radiodifusión.
Las ventajas que tiene el micrófono de carbón: gran sensibilidad, baja impedancia y precio.
domingo, 12 de mayo de 2013
Un día como hoy 12 de mayo
Hoy nos remontaremos al 12 de mayo de 1889, San Juan, Puerto Rico. Ya casi llegaba a su fin la guerra hispano-estadounidense y la ciudad de San Juan estaba defendida por una serie de fortificaciones de los siglos XVI, XVII y XVIII. Eran el Fuerte San Cristóbal, el Castillo de San Felipe del Morro, el Fortin de San Antonio, la Bateria San Fernando, el Fuerte Santa Elena, el Fuerte de San Agustín y la Bateria de Santa Teresa. En total tenían 54 piezas de artillería distribuidas en 19 baterías. Además se contaba con 20 cañones de campaña. La guarnición, contando al Ejército, a los Regimientos de Voluntarios y otros cuerpos de reserva, ascendía a unos 18,000 hombres.
Ese día se presentó ante "la ciudad amurallada" una escuadra estadounidense formada por dos acorazados, el Iowa y el Indiana, el crucero acorazado New York, los monitores Terror y Amphitrite, los cruceros Detroit y Montgomery, y el remolcador Wonpatuk, con una fuerza total de 164 cañones. La flota, comandada por el almirante William Thomas Sampson, tenía por objetivo interceptar la escuadra que Pascual Cervera traía desde España.
El Iowa fue el primero en disparar y el Castillo de San Cristóbal fue el primero en responder. Fueron momentos de intensos disparos. Los barcos estadounidenses dispararon un total de 1,360 proyectiles, causando 7 muertos, dos de ellos soldados, y 57 heridos, de los cuales 39 eran soldados. Incluso el buque de guerra francés Admiral Rigaud, que estaba de visita de cortesía, fue dañado.
Las fortificaciones españolas realizaron 441 disparos, alcanzando al Iowa y al New York y causandoles 2 muertos y 7 heridos.
Luego de 2 horas y 19 minutos de intensos disparos, la flota estadounidense se retiró otogandole así la victoria a las tropas españolas
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