Hoy, mis apreciados lectores, viajaremos al año 1099 en la ciudad de Jerusalén. Desde Antioquía los cruzados marcharon hacia Jerusalén. La ciudad en
aquel momento se encontraba disputada entre los fatimíes de Egipto y los turcos de Siria. Por el camino, conquistaron diversas plazas árabes, y firmaron acuerdos con otras, deseosas de
mantener su independencia y de facilitar que los cruzados atacaran a los
turcos. A medida que se dirigían al sur por la costa del mar Mediterráneo
los cruzados no se encontraron demasiada resistencia, puesto que los
líderes locales preferían llegar a acuerdos de paz con ellos y darles
suministros sin llegar al conflicto armado.
Jerusalén, mientras tanto, había cambiado de manos varias veces, en los últimos tiempos y desde 1098 se encontraba en manos de los fatimíes de Egipto. Los cruzados llegaron ante las murallas de la ciudad el 7 de junio de 1099 y, al igual que hicieron con Antioquía, desplegaron sus tropas para someterla a un largo asedio. Posiblemente el asedio fue más duro para los propios cruzados que para
los ciudadanos de Jerusalén, puesto que los primeros tenían una mayor
escasez de agua y comida al no haber lugares en los que aprovisionarse
cercanos a la ciudad. Jerusalén, sin embargo, estaba bien preparada para
aguantar el asedio, y el gobernador fatimí había expulsado previamente a
la mayoría de los cristianos. Del total estimado de 7.000 caballeros que habían tomado parte en la
Primera Cruzada, sólo quedaban unos 1.500, junto con otros 12.000
soldados de a pie en buen estado físico de un total que puede haber
sido de unos 20.000.
Enfrentados a lo que parecía una tarea imposible, la moral del ejército subió cuando un cura llamado Pedro Desiderio
aseguró haber tenido una visión divina en la que el fantasma de Ademar
le comunicó que debían ayunar durante tres días y luego marchar
descalzos en procesión alrededor de las murallas de la ciudad. Después
de esto, la ciudad caería en un plazo de nueve días, siguiendo el
ejemplo bíblico de Josué en la conquista de Jericó. A pesar de que ya estaban hambrientos, hicieron el ayuno y marcharon en procesión el día 8 de julio,
con el clero haciendo sonar las trompetas y cantando salmos mientras
que los defensores de la ciudad se reían de ellos. La procesión terminó
en el Monte de los Olivos, en dónde Pedro el Ermitaño, Arnulfo de Chocques y Raimundo de Aguilers pronunciaron varios sermones.

Un primer asalto directo sobre las murallas el 13 de junio resultó un
fracaso. Por otro lado, sin agua ni comida tanto los hombres como los
animales morían de sed y de inanición, por lo que los cruzados eran
conscientes de que el tiempo no corría de su parte. Sin embargo, poco
después del primer asalto llegaron un cierto número de naves cristianas
al puerto de Jaffa, y los cruzados pudieron volver a aprovisionarse
durante un tiempo. También comenzaron a acumular madera traída desde Samaria para poder construir maquinaria de asedio.
Sin embargo, seguían con carencias de agua y de comida, y para finales
de junio comenzaron a llegar noticias de que un ejército fatimí estaba
marchando desde el norte de Egipto.
Finalmente la ciudad cayó en manos cristianas el 15 de julio de 1099, gracias a una ayuda inesperada. Las tropas genovesas dirigidas por Guillermo Embriaco, se habían dirigido a Tierra Santa en una expedición privada. Se dirigían en primer lugar a Ascalón, pero un ejército fatimí de Egipto
les obligó a marchar tierra adentro hacia Jerusalén, que en ese momento se encontraba sitiada por los cruzados. Los genoveses habían
desmantelado previamente las naves en las cuales habían navegado hasta
Tierra Santa, y utilizaron esa madera para construir torres de asedio.
Estas torres fueron enviadas hacia las murallas de la ciudad la noche
del 14 de julio entre la sorpresa y la preocupación de la guarnición
defensora. A la mañana del día 15, la torre de Godofredo llegó a su
sección de las murallas cercana a la esquina noreste de la ciudad. La torre de Raimundo quedó frenada por una
zanja pero, dado que los cruzados ya habían entrado por la otra vía, los
guardias se rindieron a Raimundo.
A lo largo de esa misma tarde, la noche y la mañana del día
siguiente, los cruzados desencadenaron una terrible matanza de hombres,
mujeres y niños, musulmanes, judíos o incluso los escasos cristianos del
este que habían permanecido en la ciudad. Aunque muchos musulmanes buscaron cobijo en la mezquita de Al-Aqsa y los judíos en sus sinagogas cercanas al Muro de las Lamentaciones, pocos cruzados se apiadaron de las vidas de los habitantes. Según la obra anónima Gesta Francorum "...la carnicería fue tan grande que nuestros hombres andaban con la sangre a la altura de sus tobillos..." Otros relatos que hablan de la sangre llegando a la altura de las riendas de los caballos son reminiscencias de pasajes de Apocalipsis 14:20 que dice: "
Las
uvas fueron exprimidas fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre, la
cual llegó hasta los frenos de los caballos en una extensión de
trescientos kilómetros".
Dos mil judíos fueron encerrados en la sinagoga principal, a la que se prendió fuego con ellos dentro, matando a todo el mundo en su interior.
También dice que los cruzados rodearon el edificio en llamas mientras cantaban "Cristo, ¡Te Adoramos!".
Tras la masacre, los cruzados ofrecieron a Raimundo de Tolosa el título
de rey de Jerusalén, pero lo rechazó. Después se le ofreció a Godofredo
de Buillón, que aceptó gobernar la ciudad pero rechazó ser coronado como
rey, diciendo que no llevaría una "corona de oro" en el lugar en el que
Cristo había portado "una corona de espinas".